Lo que se hereda no se hurta

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Hoy al llegar a mi casa a la hora de almuerzo, me encontré con la grata sorpresa de que un tío (hermano de mi papá) que vive en Quito estaba de paso por mi Guayaquil y fue a comer con nosotros. Una vez terminado el suculento seco de gallina con el único sabor de casa, empezó la sobremesa, la conversación estaba bastante normal hasta que en uno de esos momentos que no hubo más que hablar la miré a los ojos a mamá y le dije ¿Sabías que tengo tendencias piromaniacas? A eso mi mamá solo me dijo “Yo sé, desde chiquito lo fuiste”, seguido a esto le empecé a contar todo lo que había leído en Internet sobre el perfil del pirómano.

Hasta ese momento mi tío era un oyente de nuestra conversación, interrumpió y dijo “Yo también soy medio pirómano”. Y empezó con su historia. El contó que una vez que llegaba a su casa en frente había un terreno (rodeado de muros) prendió un fósforo y lo echó dentro del terreno. Este comenzó a quemarse y mi tío se fue a su casa, cuando ya estuvo dentro de asomó y vio como se quemaba el terreno y como tiempo después llegaron los bomberos a controlar el flagelo. Yo me reía de la historia y le pregunté que cuantos años tenía y para mi sorpresa la historia que contó había sido hace poco, eso me causó aún más risa y terminé contando una de mis cuantas anécdotas relacionadas con terrenos baldíos rogando por ser quemados.

Como tenía que regresar al trabajo me fui a mi cuarto a lavarme los dientes, mientras lo hacía lo único en que pude pensar es que si la piromanía podía ser hereditaria, tenía en mi casa a un familiar con un perfil parecido al mío, creo que esto es más que una coincidencia a nivel de genes.

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